CASTAÑUELAS PERSONALIZADAS DE MORERA
Morus alba, comúnmente morera, árbol perteneciente al género Morus, familia de las moráceas.
ARQUETA DE ROBLE Y CASTAÑUELAS DE CIRUELO
Arqueta de roble y castañuelas de ciruelo con sus borlas de hilo.
Arqueta de roble. Su madera es una madera dura y pesada, de gran densidad. Tiene anillos muy visibles y de color pardo. Es resistente a la humedad, uno de los problemas de la madera más comunes, por lo que ha sido utilizada para la construcción relacionada con los barcos, por ejemplo.
El roble pertenece a la familia de las fagáceas y hasta los 15 metros sin ramas, que empiezan a desarrollarse a esa altura. Crece durante décadas y puede vivir hasta 600 años, aunque deja de crecer antes, aproximadamente una vez han pasado 2 siglos. Sus hojas son caducas y el árbol produce flores cuyos frutos, las bellotas, maduran hacia septiembre.
La madera de roble es quizás, junto a la de pino, la más popular. Lo es por su excelente relación entre calidad, apariencia, resistencia y facilidad para trabajar. Es una de las opciones favoritas tanto para carpinteros como para consumidores.
Desde un punto de vista estético es para muchos la madera de referencia. Es imposible encontrar dentro de un catálogo de cualquier fabricante de suelos o tableros varios tipos de roble: envejecidos, blancos, naturales, oscuros… Encontrándose estos diseños además entre los más vendidos.
Existen importantes variaciones en el precio de la madera de roble. Estas se deben al tipo, disponibilidad, abundancia, etc. No es una madera barata, pero gracias a su abundancia y teniendo en cuenta su calidad, tampoco es excesivamente cara. Otras maderas con características similares tienen un precio significativamente superior.
Lo podemos encontrar en el Norte de Europa, en la mitad este de Norteamérica, Canadá, Japón, Turquía, Norte de África o Ásia Menor. En el caso de España, la mayores poblaciones las encontramos en el norte de la península (Galicia, Cornisa Cantábrica y Pirineo).
La distribución del roble en España lo sitúa en la zona atlántica. Es común en toda la zona de Galicia, así como en la cornisa cantábrica y puede encontrarse también en la zona del Pirineo.
El color del roble varia de los marrones claros a oscuros, pasando por tonos blanquecicos, rojizos o amarillos. Existen muchas especies, cada una de ellas con particulares tonalidades de color.Es una madera resistente y relativamente densa. Entre los 700-770 kg/m3 de densidad con un grado de humedad del 12%.
Su fibra recta y grano medio.Tiene una buena resistencia a la humedad. De hecho el roble fue utilizado durante siglos para fabricar barcos.
Es resistente frente a hongos y medianamente frente a las termitas.
Fácil de trabajar. Tanto en el aserrado como en el cepillado los inconvenientes son los derivados de su dureza. Fácil clavado y atornillado.Puede dar algún problema de encolado con colas alcalinas.Buen acabado con barnices y/o pinturas. Secado lento. Existen riesgo de fendas y ligeras deformaciones ante un mal secado.
Esta arqueta de roble mide 25 cm de larga, 20 de ancha y 9,5 de alta. Es madera vieja, de usos anteriores. Está trabajado a mano, tanto las molduras como las cenefas. La tapa, en su cara superior, presenta un trabajo en taracea de figuras geométricas de distintas maderas, nogal, haya, sapelli, roble, coral…
Su contraportada, también en taracea, con el nombre de la destinataria, mi hija, que aún no disponía este trabajo realizado por su padre.
Las castañuelas son de madera de ciruelo con unas tonalidades rosáceas que le dan una finura y colorido muy especiales. Sus borlas, tan vistosas, han sido confeccionadas por su madre con mucho amor.

Cara superior de la tapa
Portarretratos con decoración de motivos geométricos
Marcos con motivos geométricos de distintas maderas
Acabo de realizar una serie de cinco portarretratos utilizando como decoración motivos geométricos. He usado distintas maderas para su realización.
Los dos primeros son de espino albar.
Arbusto de hoja caduca, de ramas espinosas, flores blancas y olorosas y fruto ovoide de piel rojiza y pulpa dulce. No supera los 5 m de altura.
Este lo he decorado con motivos florales geométricos y coloreados, el segundo sin colores.
El tercero es de manzano.
La madera de manzano es de excepcional dureza y textura, de color pardo rojizo, por lo que ha sido utilizada para confeccionar útiles de cocina como cucharas, también se ha utilizado en pequeñas esculturas y tapones de frascos por los perfumistas.
El cuarto es de madera de negrillo (olmo).
Ulmus minor, el olmo común o negrillo, es una especie de árbol perteneciente a la familia Ulmaceae.
Es un árbol caducifolio de porte elevado y robusto, que puede alcanzar una altura de hasta 40 m. Su tronco es grueso, algo tortuoso y ahuecado en los ejemplares viejos, sobre todo los sometidos a podas; corteza pardo-grisácea o pardo oscura, muy áspera y resquebrajada. Copa amplia, de follaje denso, redondeada, que proyecta una sombra intensa. Hojas simples, alternas, aovadas, puntiagudas, con el borde simplemente o doblemente aserrado, redondeadas o acorazonadas, con asimetría basal debido a que la inserción superior del limbo en el peciolo tiene lugar a una distancia menor de la inserción con el ramillo. Flores precoces, agrupadas en inflorescencias de hasta 30 flores, de forma que el fruto madura y se disemina antes que las hojas estén completamente formadas. La corteza del olmo es rugosa y con varias capas.

Portada con motivos florales en color
Estuche de madera de castaño para castañuelas
Cajas de madera de castaño y roble para castañuelas
Este principio de año he estado elaborando este estuche de madera de castaño para alojar las castañuelas que voy ha construir para una persona muy especial y muy apreciada. Mide 25 cm de larga, 20 de ancha y 8 de alta.
La cara superior es de castaño con una mariposa en taracea, el frente con una greca a modo de faldón de corredor maragato bajo la moldura superior y una cenefa en su parte inferior. La contraportada, en taracea, presenta las iniciales de la destinataria.
La madera de castaño es reconocida entre los profesionales por sus nobles cualidades:
Elevada durabilidad natural: su composición química con alto contenido en taninos y su baja permeabilidad le confieren gran resistencia a la podredumbre en el exterior y a los xilófagos en el interior. El mejor exponente de esta durabilidad lo encontramos en los hórreos, muchos con más de 300 años de antigüedad.
Gran estabilidad dimensional: Es una de las maderas mas estables, es decir, poco nerviosa. Esta característica es especialmente ventajosa en trabajos donde la madera va a estar sometida a grandes variaciones de humedad y temperatura, como es el caso de las ventanas, puertas y tarimas.
Medianamente densa, lo que en elementos como ventanas o puertas supone una gran ventaja al sufrir menos los elementos de que se suspenden.
Belleza: Estéticamente muy atractiva, encaja bien tanto en ambientes rústicos como modernos. Es más cálida que su homólogo el roble y gana en belleza con el paso de los años.
El castaño ha sido la madera tradicionalmente empleada en el norte de España, Portugal e Italia para la construcción, carpintería y fabricación de muebles. En estos lugares hoy en día sigue siendo muy apreciada, por encima del roble y el iroko.
EL ÁRBOL:
De distribución circunmediterranea, llega por el este hasta el Cáucaso, por el norte alcanza el centro de Europa y baja hasta montes del norte de África. En España se encuentra en las zonas húmedas del norte, así como en algunas zonas del centro y Sur de la Península.
Aunque siempre se ha pensado que el castaño fue introducido en la Península Ibérica de mano de los Romanos, datos palinológicos (polen fosilizado) del cuaternario recopilados en la mitad norte peninsular, han revelado que esta especie formaba parte de la flora de aquella época. Eso sí, los romanos fueron responsables de su amplia propagación, fundamentalmente por su fruto.
Es un árbol de gran desarrollo que puede alcanzar los 30 m. de altura. Porte erecto o semierecto. Rápida formación del duramen, características que lo distingue de otras especies. Sistema radical profundo. Tienen un a gran longevidad pudiendo sobrepasar 1000 años de vida.
El castaño proporciona fruto, madera, sombra y enriquece las condiciones del suelo en el que vive, además de crear uno de los bosques más bellos que existen. Las excelentes características de su madera dieron lugar a que fuera ampliamente utilizada para los más variados usos. Se ha empleado tradicionalmente para la construcción (pontones y vigas), carpintería interior y exterior, toneles, barcas, postes y hórreos. Con las varas más finas de este árbol se fabrican cestos. Siempre ha sido muy apreciada para la elaboración de muebles, chapado fino o ebanistería en general. Otra aplicación ha sido el aprovechamiento de sus taninos en la industria de los curtidos.
En la actualidad, el castaño es una de las especies forestales más importantes y apreciadas por la calidad de su madera y sus múltiples aplicaciones.
LOS TANINOS EN EL CASTAÑO:
Los taninos, conocidos también por ácidos tánicos, son glúcidos con propiedades colorantes y antioxidantes. Se encuentran en el interior de la madera, y en contacto con el agua se pigmentan.
La madera de castaño muestra un alto contenido en taninos en su composición química. Esto, junto con su baja permeabilidad, le confiere gran resistencia a la podredumbre en el exterior y a los xilófagos en el interior y por ello tiene una elevada durabilidad natural.

Cara superior
Atriles de castaño realizados en el verano de 2017
Atriles de castaño del país para dos iglesias de la comarca
Son muy similares, casi iguales. La primera fotografía de los atriles de castaño corresponde a su vista frontal, con el reposalibros muy vistoso. La segunda foto nos enseña la parte posterior y la cenefa del regulador de la inclinación. La tercera imagen corresponde a la vista lateral con el apoyo regulable ante un motivo floral.
Los preparé con madera de castaño del país. Espero que sean de utilidad en la iglesia y permitan colocar el misal y su lectura cómoda.
El castaño es un árbol que ha estado muy presente en la cultura ibérica, ha proporcionado a nuestros antepasados frutos, sombra, ramoneo para el ganado, leña y madera. El castaño se distribuye alrededor del mar Mediterráneo, desde el mar Caspio hasta el océano Atlántico, es autóctono de la península ibérica y con la llegada de los romanos a la península ibérica amplió su distribución e importancia cultural. Se pensaba que fue introducido por los romanos, pero estudios polínicos en turberas han desmentido esta teoría y hablan de su presencia desde hace casi 8.000 años (Montes del Buyo, Lugo). En Pontevedra se puede visitar el Castillo de Soutomaior donde vegetan castaños milenarios o bajar a Las Villuercas y conocer al “Abuelo”, un castaño que data desde el año 1.353.
Si el objetivo es la obtención de madera se recomienda un turno de aprovechamiento cercano a 50 años que es cuando alcanza un diámetro aproximadamente de 50 cm. Desde su resalveo o plantación o corta de regeneración se realizan clareos y claras disminuyendo la densidad inicial de 815 -1.430 pies/ha hasta 140 – 180 pies/ha, que serán los pies de porvenir.
Una vez llegado el turno se realiza el aprovechamiento y se traslada la madera de castaño en rollo a un aserradero que será el encargado de despiezar el fuste. En la madera de castaño está muy diferenciada la madera de albura y duramen, la albura tiene un color blanco amarillento que al envejecer se transforme en color oro viejo. Es una madera de dureza blanda y poco nerviosa, es decir, tiene una gran estabilidad dimensional frente a los cambios de humedad.
El uso de la madera de castaño puede tener diversos destinos como; carpintería, puertas, ventanas, suelos,
ebanistería, tonelería, construcción, chapas decorativas y construcción naval. Su elevada durabilidad natural gracias a su composición química con alto contenido en taninos y su baja permeabilidad hacen del castaño una madera muy durable. Tiene una fácil mecanización para ser clavada, atornillado, pulida, encolada, teñida o barnizada.
Los taninos del castaño otorgan una gran durabilidad a la madera pero pueden aflorar al exterior emporando la apariencia al aparecer un moteado negro. Para evitar la exudación de los taninos de la madera de castaño se recomienda aplicar un lasur, barniz o aceite por todas sus caras que impida este movimiento de los taninos al exterior de la madera.

Segundo atril
Pasadores para cabello de mujer y agujas
Pasadores y recogedores del pelo con agujas de madera
Hace unos veinte años mi hija me pidió que le hiciese pasadores del pelo de madera. Fruto de sus diseños e intereses fui consiguiendo estos ejemplares.
Unos están realizados mediante maderas de distintos tipos (nogal, sapeli, encina, roble o haya) ensambladas y luego preparadas según el diseño imaginado, otras están hechas en taracea.
En la primera foto con cuatro modelos, el primero con láminas de maderas de haya y nogal ensambladas y con la aguja también de madera de nogal; en el segundo, encina roble y nogal con aguja de encina con cabeza en corazón; en el tercero, encina y nogal con aguja también en nogal, y en el cuarto, de urz con aguja en nogal.
En la segunda jugué en su diseño con los mismas clases de madera. En la última, continué con igual tipo e introduje la taracea y bases metálicas.
Las agujas para moños fueron preparadas con distintas maderas (espino, ciruelo y nogal). Una, la primera, en madera de espino decorada con un motivo floral de distintas maderas, la segunda, de ciruelo con grabación de una hoja de roble en la empuñadura, y la tercera, de nogal con incrustaciones de cerezo. La última foto corresponde a dos agujas, la superior, el trébol, de nogal y la segunda con la flor, de ciruelo.
Al final muestro cinco colgantes de madera en forma de clave de sol.

Pasadores de madera
MARCOS PARA FOTOS ESPECIALES
Marcos y portafotos muy especiales
Ahora expongo marcos y portafotos singulares: dos marcos para colgar, el primero para mis nietos hermanos donde estarán sus retratos en tres momentos de vida, y el otro el conjunto de los primos de mis nietas; el portarretratos corresponde a mi hija, confeccionado hace ya bastantes años.
El primero es de manzano y olivo, el segundo de nogal y arce (el interior blanco) y el portarretratos, de nogal con incrustaciones en haya.

Marco de pared

Marco de los primos

Portarretratos de nogal
Cestería en mimbre
Taller de cestería con mimbres (brimbias) de piorno.
En el otoño de 2015, me propuse tejer las brimbias que había obtenido durante el año (ahora son muy escasas debido a la falta de ganado y de agricultura), recordando la recolección que había hecho en mi niñez para que un primo me realizara algún cesto.
Fruto de mi labor de principiante son estas dos cestas, que, aunque con deficiencias, logré terminar.
Primero visité el campo buscando las brimbias de un año, las cuales me resultó costoso dar con ellas. Una vez conseguidas, las ripié (le quité la monda) y después de ponerlas a ablandar en agua, inicié el tejido. Aquí os presento mis dos primeros trabajos.

Cesto de brimbias peladas

Cesta para coser
Molinos antiguos en el mundo rural
Los molinos del mundo rural en la Maragatería.
Los molinos
Los molinos nacieron en el mundo rural para satisfacer la necesidad de subsistencia, como complemento de la agricultura. En la Maragatería, como en el resto de la provincia de León, los molinos eran generalmente comunales: los derechos de molienda, heredados o comprados, se reducían a unos determinados días o unas horas.
Muchos eran los molinos que había en las riberas de los ríos y regueras. Los molinos rastreros pertenecían a una comunidad del pueblo. Cada comunero disponía de días, medios o cuartos de día para poder moler. Estas velías pasaban de padres a hijos. En la margen izquierda del Duerna hubo abundantes molinos de este tipo hasta finales del siglo XX.
En Pobladura existió el del tío Ángel, que terminó produciendo la luz para el pueblo y otros dos más, aún en funcionamiento.
En Chana de Somoza, en el paraje de Las Charcas, al lado mismo del río Duerna, se encontraba la Maquinina, trasladada a su actual emplazamiento de La Magdalena en los años treinta, aún en activo; en La Puente, junto al puente de madera, hubo otro funcionando hasta los años sesenta; En El Cereiro, el del tío José, llamado el Pisón porque se utilizó para pisar el lino; en La Magdalena, al poniente de la actual Maquinina, aún hay restos de otro de vecinos de Busnadiego, adquirido por Pablo Martínez y desaparecido en los años treinta, y los tres de Valdespino, de vecinos de Piedras Albas. Además de estos existían dos maquileros, con autorización oficial, el del Manco en Las Charcas y el de Pablo Martínez en El Mayán.
En Filiel hubo dos, ambos maquileros, los de Alejo Alonso y el tío Domingo; en Boisán el del tío Guillermo y La Molinica, de Jerónimo de Villalibre.
En Molinaferrera, en el río Cabrito -afluente del Duerna-, existieron varios rastreros: el Calabazo, el del tío Zoquita, Los Llobos (aún funciona) y el del Cristo, y uno maquilero, la Máquina de Aurelio Alonso.
También Busnadiego, en la reguera de Carrizo, en la confluencia de los arroyos de La Devesa y El Valle, tuvo tres, uno aún en pie. Piedras Albas se sirvió de otro en el arroyo de La Devesa, a la derecha de la actual carretera que une estas dos localidades.
Los vecinos que iban al molino rastrero transportaban el cereal, envasado en quilmas o fuelles, mediante carros o caballerías los días que les correspondía, encargándose de ponerlo en marcha y demás faenas. Los que acudían al maquilero, era su dueño quien realizaba las faenas propias del oficio, tomándole a cambio como sueldo la maquila, bien en dinero o mediante una cantidad en grano ya estipulada.
En estos últimos, descargado el grano, se pasaba previamente a la limpiadora si era para consumo humano, o iba directamente a la tremuya. Una vez obtenida la harina, caía al farnal si el destino era para alimento animal, o a un sistema de vasos sinfín que la elevaban al cernedor.
En el molino de Pablo Martínez era muy corriente que coincidiesen varias personas de los pueblos de la comarca, organizándose improvisadamente amenas tertulias y hasta concurridos bailes maragatos, muy animados por el tamborín que algunos clientes prevenidos traían.
Formas de propiedad
La necesidad de moler dio lugar a la edificación de pequeños molinos (molinos rastreros), bien por algún particular o, lo más común, por un grupo de vecinos. Los derechos de molienda se ejercían por velía: ciertos días u horas teniendo en cuenta el número de propietarios y la herencia. El grupo era el encargado del mantenimiento: la limpieza de la zaya, reparación de instalaciones y picado de muelas. Si pertenecía a un solo vecino, éste cobraba en grano la labor de la molienda mediante una unidad de áridos, el cuartillo. El molinero, a mediados del siglo pasado, venía tomando cuatro cuartillos (un celemín) por cada quilma de cereal.
La casa
Los molinos rastreros eran de pequeño tamaño, de una sola planta, cuadrada o rectangular, con paredes de piedra y cubierta de losa o, en algunos casos, de paja.
Tenían un solo par de piedras y aprovechaban el agua de arroyos o de zayas destinadas para el riego de prados y huertas. La mayoría sólo molía en otoño, en invierno y principio de primavera, cuando el caudal era suficiente. Aprovechaban la caída natural del agua para mover el rodezno, a través de estrechas y pendientes conducciones de madera.
Los maquileros, situados en las riberas de los ríos, disponían de su propia moldera y estanque para almacenar agua, obteniendo así mayor presión y rendimiento. Realizaban su trabajo todo el año, especialmente al inicio del otoño cuando la cosecha se acababa de realizar y el agua escaseaba en los rastreros. Las zayas se limpiaban anualmente, antes del inicio de los riegos y las presas sobre el río se reparaban en primavera y verano para así obtener un caudal mayor.
Elementos del molino tradicional
La tolva o tremuya
La tremuya es una caja en forma de tronco de pirámide invertida, sostenida sobre el carro. En ella se echaba el grano que descendía por un canal, la canaleja, para caer en el ojo de la muela superior. La canaleja está unida a la parte posterior de la tremuya mediante una correa y por delante, a un torno del carro, con tope, a través de una cuerda para regular su inclinación. Para que la canaleja se moviera de izquierda a derecha y así distribuir el grano en el ojo de la muela, disponía del carraquillo, cilindro vertical de madera (en los maquileros era de hierro) con una parte dentada, cuya base se asentaba en la lavija (pieza de hierro en forma de yugo acoplada en el ojo de la muela superior al gorro) y con la superior insertada en una barra horizontal del carro. La parte dentada coincidía con un extremo del lateral de la canaleja, imprimiéndole a ésta, al girar impulsado por la muela, el movimiento de vaivén antes mencionado.
Muelas
Disponían de dos muelas o piedras cilíndricas, apoyadas sobre cuatro vigas de roble formando un cuadrado e incrustadas unas en otras; la inferior o solera era fija y la superior o volandera realizaba la rotación. En los molinos tradicionales las piedras eran extraídas de las canteras del “país”. Para mejorar la molienda, los molinos maquileros incorporaron piedras francesas, de cuarzo y cinchadas, con un diámetro de unos 140 cm. La calidad de la harina no se debía sólo al tipo de piedras o a la clase de cereal, sino al buen estado del dibujo existente en la superficie de las muelas. Este dibujo constaba de unos surcos rectos completos y de otros más cortos, distribuidos alternativamente en forma radial, y de un granulado entre ellos que había que recuperar periódicamente. Esto se conseguía con el picado mediante unos martillos especiales o picas, de dos cortes. Para ello, se levantaba la muela superior, se giraba y se trasladaba al lado, mediante palancas y cuñas, haciéndola descansar sobre dos tablones; modernamente este trabajo se realizaba por medio de una cabria, en cuyos extremos libres tenía sendos agujeros donde se ensamblaba un espigo metálico, que a su vez encajaba en ambos lados de la muela. Montada así la volandera y accionadas las citadas piezas por un tornillo, se izaba sin apenas esfuerzo, se volteaba y se disponía para el picado.
Caja o tambor
Para tapar la muela superior disponían de una caja o tambor de madera, generalmente en forma octogonal, donde se fijaba el carro con la tremuya y la canaleja.
En el ojo de la volandera se hallaba el mecanismo que unía ésta con el eje o árbol del rodezno y que transmite el movimiento a la piedra. Este mecanismo estaba formado por una pieza de hierro (lavija) incrustada diametralmente en el ojo de la volandera y que se encaja en otra pieza cilíndrica (gorro), también de hierro, insertada en el eje. Este mecanismo era de madera en los rastreros, ajustándose las piezas con pinas, por lo que su duración era corta.
Eje o árbol
Era de madera de roble en los antiguos y de hierro en los más modernos. En su parte inferior sostenía al rodezno, fijado mediante cuñas al árbol si era éste de madera o con un pasador si era de hierro. El eje, al girar sobre la rangua, empotrada en una viga de madera de roble llamada puente que atravesaba el cárcavo, lo hacía mediante un puntero de hierro (últimamente de bronce ambos). El puente apoyaba uno de sus extremos en un hueco de la pared y el otro, libre con un cincho de hierro, dentro de otro hueco, en la pared opuesta. Unido a ese cincho mediante una argolla existía un tirante o aliviadero, modernamente de hierro, que terminaba al lado de la caja de las muelas en un roscado con tuerca. Desde aquí, mediante una llave fija, se bajaba o levantaba el puente, y con él la muela superior para obtener una harina más o menos fina, más o menos velocidad o desembragar las muelas cuando el movimiento del rodezno se usase para otros fines, como mover una afiladera de esmeril, la limpia o para producir energía eléctrica mediante una dinamo.
El rodezno
Era una pieza cilíndrica, de hierro, hecho por herreros y más tarde en talleres especializados. Se hallaba situada en la parte inferior del eje. Aquellos en los que el árbol era de madera, el rodezno disponía en su centro de un agujero cuadrado de unos 20 cm de lado para que ambas piezas quedaran fijadas con la ayuda de unas pinas también de madera; en los de eje de hierro, ese agujero, de unos 8 cm de diámetro, permitía ensamblarlas mediante un pasador. En su interior, dispuestas radialmente, presenta unas láminas verticales (álabes), en los más modernos curvas, en las que al incidir el agua procedente de la canal, provocaba un movimiento de giro que se transmitía a la muela volandera mediante el eje.
Farnal
El farnal era el cajón, adjunto al tambor, que recogía la harina que iba saliendo de las muelas y desde donde el molinero llenaba los sacos y fuelles de los clientes.
Elementos complementarios
El afán de mejora llevó a molineros con iniciativa a ir perfeccionando sus molinos añadiendo maquinaria complementaria que, para mejorar la calidad de la harina, librara al grano de adherencias u obtuviera por separado de la harina en bruto los productos. Para mover esta maquinaria disponía de un sistema de poleas y correas instalado a nivel de las vigas superiores de la casa (más grande que la del molino tradicional). El mismo rodezno, con un sistema de embrague y ruedas dentadas (dientes de madera para que fuese más silencioso el movimiento) transmitía el movimiento a la piedra, a este árbol de poleas o los dos a la vez.
La limpia
Esta es una máquina auxiliar que sólo la poseían ciertos molinos maquileros. Separaba del grano pajillas, espigas, chinas y otras semillas mediante cribas metálicas. Se activaba igualmente mediante una correa conectada al árbol de poleas (distribuidora).
Cernidor o cernedor
Era un depósito de madera grande y alargado, colgado del las vigas de aire, con dos ejes longitudinales, uno superior con un esqueleto prismático de madera forrado por una tela de seda muy fina en su contorno para tamizar la harina, y otro inferior, con un tornillo helicoidal sinfín que arrastraba la harina tamizada que iba saliendo por cada una de las piqueras situadas en la base del cernedor: harina de primera, segunda o la tercerilla, y el salvado (cáscara del grano de los cereales). Para llevar la harina al cernedor disponía de dos columnas huecas en cuyo interior se movía una correa con pequeños vasos que recogían la harina que caía en ellos mediante un canal que la traía de las muelas. En la parte superior de las columnas, los vasos la basculaban en otro canal que la conducía al cernedor. El movimiento de las poleas de vasos y cernedor se realizaba mediante correas acopladas al eje diferencial.

La Molinica de la Magdalena (Chana de Somoza)






